Ya han pasado dos semanas desde que pude vivir una de las mejores experiencias de mi vida en todos los sentidos. Hace más de 3 meses se me ofreció la oportunidad de formar parte de un reto, una carrera por etapas en el desierto del Sáhara. Creo que no era consciente a lo que me iba a enfrentar cuando dije que si, pero la ayuda y la preparación de Sara Carmona me dio confianza desde el primer momento. Sin duda, ella fue la que me acabó de convencer y confió en mi cuando ni siquiera yo me veía capaz. Tocaban 3 meses de intensos entrenamientos, de salir 4 veces por semana a correr, algo que hasta ese momento no había hecho. Decidí tomármelo tan en serio como una carrera de este tipo se merece, así que evitaba bajo ninguna circunstancia saltarme alguno de esos entrenamientos. En ellos fue donde conocí a las dos compis que me iban acompañar en esta aventura, no podrían haber sido mejor compañía, desde el primer día que nos conocimos hicimos un tándem muy bueno. Sabíamos que era una experiencia que ninguna de las 4 olvidaríamos. Ellas, mucho más preparadas que yo, hicieron todo lo posible por motivarme, por ayudarme y por hacerme sentir capaz de lo que JUNTAS, íbamos a conseguir. 

Miriam, Sira, Sara, sólo tengo palabras de agradecimiento para vosotras, os lo he dicho y os lo seguiré diciendo, habéis sido las mejores compañeras que podía tener. Finalmente, Miriam no nos pude acompañar por una lesión, ahí me tambaleé e incluso perdí las ganas de enfrentarme a esta aventura, sin ser muy consciente, ella había sido un pilar fundamental para mi. Pero saqué fuerzas y me vine arriba, no podía tirar por la borda todo lo que llevaba haciendo, ni por mi ni por Miriam ni por ninguna de las personas que me apoyaron desde el inicio. Mi entorno debía estar cansado ya de tantas veces que les hablaba de la Desert Run, pero es que para mi desde el primer momento ha sido algo muy importante, algo que sabía que me iba a enseñar y que me iba a aportar muchísimas cosas positivas. Y vaya si lo ha hecho… pero no quiero avanzarme!

Día 1: Aeropuerto Errachidia

Ese día, sentía ganas más que nervios, por fin había llegado. No sabéis la ilusión que me hacía. Mi madre y Claudia, me llevaron al aeropuerto, creo que también por eso me sentía segura, dos personas importantes en mi vida que me daban esa tranquilidad que necesitaba. Y ahí me reencontré con mis compis. Ya no había marcha atrás, esos próximos días nos esperaba una aventura que jamás iba a olvidar. Cuando me quise dar cuenta ya estábamos montadas en el avión (después de una laaaarga espera). En ese momento, empecé a ser consciente de lo que tenía por delante, de la inmensidad del reto al que me iba a enfrentar. Una vez en Errachidia, no era capaz de dejar de sonreír, sabía que había hecho bien, que había tomado la mejor decisión y que me sentía plenamente segura junto a Sara y Sira.

Nos recibieron en el aeropuerto con música local, pastitas y té, y de allí nos montamos en los 4×4 porque teníamos por delante unos 70km hasta llegar a Erfoud la ciudad conocida como “la puerta del desierto”. Esa noche nos alojamos en Kasbah Xaluca , nos explicaron como iba a organizarse cada etapa y cuando recibiríamos la información de cada una de ellas. Tocaba cenar y descansar, no hubo mucho tiempo para disfrutar del precioso complejo.

Día 2: Arfoud, Etapa1: 15km

Nos despertamos a las 6.20h de la mañana, con lo que me gusta a mi madrugar… pero ya fue bien para poder desayunar tranquilas y tener tiempo de preparar todo antes de la carrera. Quedaba poco tiempo para los primeros 15km en el desierto, todos los nervios que no había tenido antes, se me acumularon entonces. Tenía una mezcla de sentimientos y emociones, que no sabía si reír, llorar, gritar… el miedo se estaba apoderando de mi, pero ahí estaban ellas, una vez más, para apoyarme y animarme, no les podía defraudar.

Primeros metros y ya nos encontramos con las dunas, en ese momento decido caminar, no quería fatigarme nada más empezar y en mi caso, no había mucha diferencia entre correr o caminar en esos tramos. Así que empiezo a meterle cabeza, tenía muchos quilómetros por delante y era la etapa para tantear, para ver como me sentía… en el km 4, primer avituallamiento, decido sacarme la dichosa arena que lo único que hacía era molestar, quería evitar todo lo posible las ampollas. Ahí, fue el momento en el que pasé de estar sola a estar acompañada, Hugo, un chico de Madrid decidió acompañarme y nos pusimos a hablar un poco de todo. Cuanto agradecí esos momentos, se me pasaron muy rápidos los siguientes km, al poco se añadió un hombre vasco y juntos fuimos durante bastante tiempo.

Fue en el siguiente tramo de dunas, cuando cada uno decidió ir a su ritmo, yo aproveché para grabar, es taaaan bonito correr con esos paisajes, que no quería que se acabara. Esa etapa la disfruté como una niña, creo que empecé a ser consciente lo que suponía la Desert Run y fue entonces cuando me empezó a cautivar. Iba por el km 14 disfrutando de cada paso, de cada movimiento, de cada respiración… aproveché para relajarme y conectar con el desierto.

El último quilómetro lo corrí, vi a lo lejos a Sira y empecé a escuchar sus gritos de ánimos, no podía creerlo, había superado la primera etapa, y tras el arco, estaba Sara, esperándome con una sonrisa y un abrazo. Aún recuerdo cada momento vivido y me sigo emocionando. Qué bonito es el deporte y que bonitas personas me acompañaron.

Pues ya estaba, 15km en el bolsillo y tocaba seguir disfrutando del día. Nos tocó comer en la mesa 6 junto a magníficas personas y deportistas, entre ellos Anna Comet, Juan Miguel Esteban, mis dos compis, Juan, Jordi…cuanto aprendí y cuanto sigo aprendiendo de ellos. De ahí, nos pusieron el pañuelo tradicional y nos montamos de nuevo en los 4×4 para disfrutar de una preciosa y rápida ruta, que bien me lo pasaba apretando al conductor para que corriese más. Nos fuimos hasta Erg Chebi para subir a lo alto de una duna y disfrutar de un precioso atardecer.

Esa noche tocaba alojarse como los nómadas del desierto, en haimas, en el Bivouac de la Belle Etoile . Nos recibieron con música tradicional y comimos un buenísimo Cous- Cous. Tras compartir la sobremesa con los compañeros, tocaba descansar…o eso pensaba yo. Con las chicas nos turnábamos la cama grande en cada uno de los hoteles, ese día, se me ocurrió a mi pedirme la cama doble (¡qué gran idea Laura!). No dormí en toda la noche, no paraba de escuchar a unos gatos maullar, de echo, se llegaron a meter dentro de la haima. En total no se cuantas horas lograría dormir, lo único que sé es que me desperté muy cansada.

Día 3: Erg Chebi - Merzouga, Etapa 2: 21km

Sonó de nuevo, el despertador, hacía tiempo que no dormía tan mal, hasta incluso querer que sonara cuanto antes la alarma para levantarme. Ese día ya ni nervios ni nada, estaba tan cansada que no era consciente de que me iba a enfrentar a mi primera media maratón. Empecé a darme cuenta cuando minutos antes de que dieran la salida, junto a las chicas empezamos a calentar. Madre mía, 21km por delante y tú sin fuerzas Laura. No quería transmitirle a mis compañeras mi desmotivación, mi desgana… ahí fue cuando Sara, que tampoco había podido dormir como yo, se dio cuenta y me tendió de nuevo la mano y con su abrazo me llenó de energía. Era la primera media maratón para las dos, así que teníamos que poder, íbamos a poder.

Aproveché y busqué a Hugo, con el que había compartido la etapa anterior, para ir juntos. El running es un deporte bastante individual, pero ir acompañada aunque fuesen unos pocos quilómetros me daba fuerzas para poder continuar. Fui a un ritmo muy cómodo los primeros 10km, pero veía que Hugo se fatigaba al intentar bajar su ritmo y adecuarse al mío, por lo que preferí que él tirara e hiciese su carrera.  Ahí empezó mi etapa, todavía quedaban 11 km y me tocaba enfrentarlos sola. Me sorprendí gratamente, mi cuerpo seguía aguantando y yo decidí quitarme la música y empezar a notar las sensaciones. NUNCA corro sin ella, pero esta vez lo disfruté. No todos los días puedes correr por el Sáhara así que, decidí valorar donde estaba y todo lo que había hecho para llegar hasta ahí. Preciosa etapa en la que atravesamos un pueblo, en el que los niños te recibían con su sonrisa y te extendían la mano para animarte. Ahí fui todavía más consciente de lo que estaba logrando. ¡Vamos Laura! me repetía una y mil veces. Al final de la etapa, vuelven a aparecer las dunas, pero me las tomé de otra forma, ya no quedaba nada, estaba a tan sólo unos 3km de finalizar. Y yo no se ni cómo, pero al ver a Sira gritándome desde lo lejos, me vine arriba, saqué fuerzas de donde pensaba que no las tenía y empecé a correr como si no hubiese un mañana, adelanté a dos personas que llevaba todo el tiempo delante y Sira me acompañó hasta la meta. No me lo podía creer, mi primera media maratón y en el desierto del Sáhara. Tenía muchas ganas de llorar, me abracé a mis compañeras y fui a hidratarme corriendo porque llegué con los labios cortados y blancos.

Tras comer y descansar un poco, nos fuimos con los 4×4 a seguir recorriendo el desierto, de echo pasamos por pistas que forman parte del rally París-Dakar. Y de ahí, a la cronoescalada, que yo decidí disfrutar desde abajo, mi objetivo era superar la desert run y aún quedaban 26km, así que no quise jugármela y fatigarme. Las chicas si que se animaron a hacerla. Consistía en subir la gran duna de Merzouga en el menor tiempo posible.

De ahí nos fuimos al hotel que nos acogería esa noche el Kasbah Tombouctou, a cenar, compartir un rato con los compañeros y a descansar.

Día 4: Llanura, 26 km

Tocaba afrontar con las fuerzas justas la última etapa de este gran reto. Llegamos con los 4×4 hasta la salida, una llanura en medio del desierto en la que apenas había alguna que otra planta, eso sí, un paisaje impresionante. Creo que fue el día en el que más nervios sentí, no sabía como iba a reaccionar mi cuerpo, nunca he hecho una carrera por etapas. Salí con ganas, tenía que acabar como fuese, pasara lo que pasara no iba a abandonar.

Tuve la suerte de volverme a reencontrar con los compañeros vascos, y con ellos me mantuve los 20 primeros km. Teníamos una forma de ir completando la carrera, por objetivos, cada avituallamiento (4km) era uno y así nos motivamos todo el tiempo. No pensamos en ningún momento en los que nos quedaban por delante, eso deprime a cualquiera. El sol nos estuvo respetando las otras dos etapas y apenas salió, pero en esta, se dejo ver y sobretodo sentir. Notaba que mis fuerzas flaqueaban, me tropecé en muchas ocasiones, se trataba de un circuito de piedras y se hacía incómodo correr. Además, las ampollas habían aparecido y dolían, lo que me sorprendió es que las piernas seguían tirando, pero era mi coordinación la que fallaba. Aún así seguía superando uno a uno los objetivos, los vascos me cuidaron, nos echamos spray frío para no notar la fatiga, y seguíamos cumpliendo. El staff nos recibía siempre con una sonrisa, muchos ánimos y algún que otro grito de motivación. Al km 20 decidí dejar atrás a mis compañeros y enfrentarme sola a lo que restaba de carrera. Fue ahí donde tuve momentos en los que de recordar situaciones divertidas con mis compañeras me reía, y de repente me ponía a llorar…en el km24 de nuevo, ahí estaban las dunas, me veía incapaz de superarlas, sin fuerzas y sin ganas. Trataba de correr y me hundía, caminaba y me desmotivaba, las lágrimas empezaron a caer y fue entonces cuando recordé cada una de las palabras de fuerza que desde Barcelona me enviaban, de mis amigas, de mis familiares, de Miriam…joder y de Sara y Sira que estaban esperando a que cumpliera mi objetivo. Empecé a cambiar el chip y a seguir para delante, cuando me quise dar cuenta ahí estaban ellas, a un km de llegar a la meta me esperaban mis compis. Sira a mi lado animándome, corriendo, cuando ella ya lo había hecho y aún cansada, estaba ahí, poco después vi a Sara gritando y sonriendo ¡Vamos Laura, ya lo tienes! yo todavía no era consciente de lo que estaba a punto de pasar. Custodiada por ellas seguí corriendo, sonriendo de tenerlas al lado, feliz y emocionada a partes iguales. Nunca hubiese pensado que sufrir haciendo deporte me compensaría tanto. Y al poco, ahí estaba, cruzando la línea de meta… me abracé a ellas y empecé a llorar de emoción…¡Qué fuerte! había logrado superar mis miedos, mis barreras, mis frustraciones y me acababa de convertir en una FINISHER de la Desert Run.

No tengo palabras para agradecer lo que ellas hicieron por mi, fueron mis dos pilares básicos en esta aventura, sin ellas no creo que hubiese sido capaz de acabar. Saber que estaban en línea de meta en cada una de las etapas me motivaba a sacar lo mejor de mi para no defraudarlas, ELLAS cuanto les debo y cuanto bien me han hecho en este reto. Creo que ni se imaginan lo más mínimo cuanto me ha cambiado el compartir esta aventura con ellas, para bien obviamente. Cualquier palabra que les dedique se quedará corta. Creo que estas dos imágenes reflejan todo los que os cuento. ADMIRACIÓN siento yo hacia vosotras Sara, Sira… sois enormes personas y enormes deportistas, que suerte la mía de que os hayáis cruzado en mi camino.

Y a Anna Comet, una persona que he descubierto en esta carrera, que decirle que no le dijese ya. Ha sido un placer compartir mesa, momentos, risas y lágrimas, porque me has visto llorar de verdad. GRACIAS infinitas, por quedarte a esperar en línea de meta, cuando tranquilamente te hubieses podido ir a descansar. Ese gesto no lo voy a olvidar nunca. Qué bonito es esto del deporte y que grandísimas personas te hace conocer!

Sin enrollarme más os dejo con un vídeo que resume un poquito todo lo que esta aventura, ha supuesto para las tres: https://www.youtube.com/watch?v=EPX9QV6Og0s