Muchos son los comentarios y las opiniones de la gente que había estado en Malta, no había termino medio, o muy bonita o no gustaba nada. O te enamoraba o te horrorizaba. Pues bien, no haciendo mucho caso a lo que el resto decía y con muchas ganas, nos decidimos por conocerla en primera persona y así poder opinar con argumentos. Un viaje con el que partíamos con muchas expectativas, y la verdad, no nos defraudó, es tal y como la esperábamos. Una isla recomendada para los que disfrutan con el turismo de playa, cultura y ocio, ya que tiene de todo. Incluso para los más pequeños hay muchas playas adaptadas (eso sí, comprobad cuales son porque la mayoría son de roca y piedras).

Día 1 y 2: Aeropuerto Luqa, Mdina, Mgarr y Bugibba

Llegamos a Malta hacia el medio día. Lo primero fue ir a buscar el coche, ya que teníamos una reserva hecha con la empresa Goldcar. Después de leer recomendaciones sobre conducir por Malta, decidimos reservar un coche automático. Nos parecía difícil conducir con el volante a la derecha y  por la izquierda como para encima cambiar las marchas… pues primera complicación del viaje, nos dijeron que lo sentían mucho pero que se habían quedado sin coches automáticos y que si queríamos, nos podían alquilar uno manual. No entendíamos para que servía entonces reservar el coche online si luego te puedes encontrar con este tipo de situaciones, muy cabreadas (con la dificultad añadida del inglés) tratamos de llegar a un acuerdo. No queríamos perder más tiempo así que dijimos de coger el coche manual pero obviamente si nos rebajaban el precio, ya que uno automático costaba como 100€ más…pues nos dijeron que no, que como mucho nos daban el segundo conductor gratis. Nos decían que si queríamos el automático, teníamos que esperar, no sabía si unas horas o unos días. Viendo el éxito y más cabreadas todavía, nos decidimos a alquilar el coche con otra compañía internacional, Avis. Con ellos no hubo ningún problema. Después de esto no se yo si volveremos a confiar en Goldcar…

Una vez en el coche, y con un poco de miedo, tocaba enfrentarse a la carretera y a la conducción maltesa, que no habíamos escuchado buenos comentarios sobre ella. La verdad, es que no estando acostumbrada a llevar un coche automático, las risas no faltaron. No se en cuántas ocasiones traté de cambiar las marchas, dándome golpes contra la ventanilla, claro. Pero fue una experiencia divertida. Había leído que era difícil adaptarse a la conducción de allí, pero con el automático se nos hizo tremendamente fácil, al final sólo era cuestión de conducir a la inversa de como solemos hacer aquí.

Las primeras 2 noches dormimos en Mdina en el Hotel Point de Vue , nos costó muy barato y la habitación estaba genial para las tres. Además, estaba a dos pasos del centro de Mdina. Así que después del ajetreo, nos fuimos a pasear por el centro y a comer. Os recomiendo un restaurante, que aunque no es barato, se come genial y además la cocina la tienen abierta hasta tarde, se llama Bacchus Restaurant . Cuando terminamos llegó la hora de perderse entre los callejones de la Mdina, la antigua capital de Malta. Se trata de una ciudad amurallada situada en una colina, con vistas impresionantes de toda la isla.

Tras pasear y hacer unas cuantas fotos, nos fuimos al hotel a ducharnos y a arreglarnos porque tocaba cenar, que no os penséis que porque comiéramos tarde, nos la íbamos a saltar. Esta vez y tras el cansancio del viaje nos quedamos cerquita del hotel concretamente en Il-Veduta , con una magnífica terraza (al estar en lo alto de la colina las vistas eran muy bonitas). La comida estaba bien y era variada. Tras la sobre mesa tocaba descansar y organizar el día siguiente.

Lo primero que hicimos nada más levantarnos fue aprovechar para hacer un poco de deporte, las tres somos bastante deportistas y algo de ejercicio no podía faltar. Nos fuimos a correr por las inmediaciones de la Mdina para empezar el día con energía. Teníamos ganas de playa, así que nos fuimos a ver la conocida  “Golden Bay”. Es una de las playas más populares de la isla porque es de las pocas en las que podréis disfrutar de la arena, eso sí, al estar preparada para los turistas, hay muchísima gente. Allí puedes pasar todo el día sin problema, pero si además os apetece andar un poquito, a tan sólo 5 min podréis encontrar la Ghajn Tuffieha Bay, otra bonita playa. Nosotras preferimos quedarnos hasta la hora de comer allí.

No sabíamos muy bien donde ir, así que le preguntamos a un local donde nos recomendaba. Nos dijo que fuésemos a Ta’ Soldi pero lo único que había abierto era la tienda de comida para llevar que estaba al lado y no nos apetecía mucho. Así que aprovechando que al lado había un supermercado, les preguntamos a los dueños que nos recomendaba cerca de allí. Nos enviaron a Mgarr Farmers Bar un sitio al que van a comer los de la zona, no estuvo mal pero a la hora que llegamos ya no quedaba mucho donde elegir. Allí probé una bebida refrescante que toman la mayoría de malteses, es algo así como la coca-cola aquí, se llama Kinnie y está hecha a base de naranjas amargas y extractos de ajenjo. Es un sabor raro, el primer gusto esta muy bueno pero el último es tremendamente amargo, así que ya tuve suficiente por ese día. Otra de las cosas que me llamó la atención y que pude comprobar los otros días es que cocinan con mucha berenjena, para mi, todo un acierto porque… ¡me encanta!

Después nos fuimos a pasear por el centro de Mgarr y volvimos a Mdina. Nos apetecía volver a la ciudad amurallada para disfrutar de un rico helado antes de ducharnos y seguir con la ruta. En el hotel nos recomendaron ir a Bugibba, una de las zonas turísticas más visitadas de la isla con un pasado muy pesquero. Allí, frente al mar había un sin fin de restaurantes donde cenar. Nosotras nos decantamos por hamburguesas esa noche, y optamos por Fat Harry’s Pub. Después de pasear por todo el puerto, nos volvimos al hotel.

Día 3: Gozo

Llegaba la parte del viaje que personalmente más ilusión me hacía, nos íbamos a conocer Gozo y Comino. No madrugamos en exceso, al final estábamos de vacaciones y no queríamos andar corriendo de un lado a otro, bastante lo hacemos durante el año. Así que llegamos a la estación de ferries de Cirkewwa como a las 10 y hasta las 10:30h no salía el ferry. Coche + 3 personas nos salió a unos 25€ aproximadamente que no los tienes que pagar hasta que vuelvas a Malta y el trayecto son unos 30min. Nada más llegar, nos fuimos en busca del hotel que quedaba en el interior de la isla, y después de perdernos un poco, lo encontramos. La verdad es que habíamos leído que nos guiáramos por los carteles ya que el GPS solía fallar y nada más lejos de la realidad, no se en cuantas ocasiones nos desviamos y nos perdimos, pero nada grave, como dice mi padre “La aventura es la aventura” jajaja

Esa noche dormimos en Mood Farmhouse B&B, nos recibió el anfitrión Federicco, un italiano instalado en la isla des de hacía unos cuantos años. Os recomiendo 100% que os hospedéis allí, la hospitalidad de Federicco es brutal y nos ayudó a hacer la ruta para ese mismo día, y para el siguiente. Fue un total acierto y de hecho, nos arrepentimos de no habernos quedado una noche más. Sin duda, volveremos. Gozo tiene rincones muy bonitos para conocer y no nos dio tiempo a verlo todo. Dejamos las maletas en la casa y empezamos la ruta de ese día. Fuimos a la inexistente ya, Blue Window, uno de los puntos más turísticos y conocidos de la isla, pero lamentablemente, un temporal hace 3 años acabó con ella, nos tuvimos que conformar con ver los trozos que quedaban sumergidos en la zona. Al lado, hay un pequeño lago natural donde nos estuvimos toda la mañana. Si te gusta bucear, es uno de los puntos a los que la gente va a practicar y a iniciarse en esa disciplina. Nosotras preferimos alquilar una barquita que te hace una ruta por los acantilados y cuesta 4€ por persona, nada más llegar veréis la información. En la ruta se ven los restos de la blue window y además veréis un azul del mar impresionante, estamos muy acostumbrados al turquesa que tanto nos enamora, pero personalmente a mi me impactó mucho ese color.

 

 

 

 

Cuando acabamos la ruta (dura unos 15-20min) nos quedamos hasta medio día bañándonos en el lago. Si os gusta hacer snorkel es un sitio muy chulo para practicarlo, y si no hay temporal  podéis salir a mar abierto y ver en primera persona los corales que decoran los acantilados. Hay una cueva natural que conecta el lago con el mar, de hecho es un  punto en el que la gente se acumula y escucharéis silbidos constantes de los patrones de las barcas para avisar y que la gente se aparte y evitar accidentes. Así que…¡tened cuidado si váis!

De ahí nos fuimos a comer al restaurante que hay al lado el Azure Window Restaurant, recomendación de Federicco y para el que deberíais reservar porque no es muy grande. Nos habló sobretodo de la pasta y fue un acierto total, no soy muy amante de la pasta frutti di mare pero estaba buenísima. También probamos el pescado del día, y como no, tampoco defraudó. Son platos bastante contundentes así que si no sois de comer cantidad, mejor compartid, tiene muy buena relación calidad/precio.

Tras coger fuerzas (demasiadas, en mi caso…) seguimos con la ruta por Gozo. Tocaba conocer el norte, concretamente nos fuimos a Qolla I-Bajda, una zona de acantilados y playas muy bonitas, un sitio ideal para bañarse.

Seguimos y más adelante nos encontramos con las salina, Salt Pans, muy chulo para poder hacerse fotos, podéis aprovechar si os encontráis con locales que trabajen ahí a que os expliquen el proceso y demás, son muy amables. Un poco más adelante podréis descubrir uno de los lugares donde se realizó un récord Guiness de la mano del nadador Nicky Faruggia que nadó de Sicília hasta Gozo en 1987 durante aproximadamente 30 horas. Es una bonita ruta para hacer con el coche, ya que te puedes ir parando sin problema para hacer fotos y para disfrutar de los bonitos paisajes que guarda. Nuestro último punto antes de poner rumbo al hotel para ducharnos y arreglarnos fue Wied Il-Ghasri, una entrada de mar super bonita, rodeada de acantilados. Si quieres tranquilidad y evadirte un poco de tanta gente, es el sitio ideal. Nosotras fuimos por la tarde y apenas había dos o tres familias. Buen sitio para hacer snorkel y para los/as más atrevidos/as, para lanzarse del acantilado al agua. Eso sí, supongo que planificando el viaje a Malta habréis puesto en la maleta unos escarpines no? super útiles y recomendables con la cantidad de rocas que hay.

De allí nos fuimos al hotel a arreglarnos para ir a cenar a Xlendi Bay, otra de las recomendaciones de nuestro anfitrión. Un entorno inigualable, cenamos al lado (literal) del mar, o sea que si me movía más de la cuenta, me pegaba un chapuzón. El restaurante se llama Ta’ Karolina , y la verdad es que es muy bonito para ir en plan romántico.

Día 4: Gozo y Comino

Después de una noche movidita, tuvimos algún que otro susto y además hacía una calor horrible, bajamos a desayunar con Federicco. Cogimos fuerzas y nos quedamos un ratito hablando con él sobre como íbamos a organizarnos. Ya tocaba despedirse y la verdad es que nos dio mucha pena. Nos recomendó que nos fuésemos con las maletas en el coche, que aunque estuviesen a la vista allí no pasaba nada. Yo no se cuántas veces les dije a las chicas “Estamos en uno de los países más seguros del mundo, no pasa nada” pero viniendo de Barcelona en la que no puedes despistarte mucho o te roban, la desconfianza estaba ahí. Tocaba seguir conociendo Gozo, así que nos fuimos a la ciudadela de Victoria. Está situada en el centro de la ciudad y ha tenido un carácter defensivo ante diferentes asedios y batallas. El perímetro amurallado es precioso y hay unas vistas impresionantes de toda la isla.

La visita fue suficiente para salir ahogaditas de calor, así que nos fuimos a Ramla Bay considerada una de las mejores playas de la isla. Lo que destaca de esta playa es su arena roja y es un lugar ideal para tomar el sol, relajarte y practicar snorkel. Además, posiblemente de las pocas playas turísticas que no están sumamente explotadas ya que las dunas arenosas están protegidas. También da lugar a mitos e historias relacionadas con ninfas.

De ahí, fuimos a conocer otra playa cercana al puerto, se llama Hondoq ir-Rummien y estuvimos poco tiempo ya que estaba a punto de llegar lo que posiblemente más ilusión me hacía de todo este viaje, íbamos a conocer Comino. La idea inicial era ir a primera hora y conocer el paraíso maltés pero Federicco nos comentó que no disfrutaríamos de la cantidad de gente que había. Nos recomendó que contratáramos un tour en el puerto en el que por 20€ entraba el trayecto ida y vuelta, barbacoa y música. Así que como nos pareció una grandísima idea, le hicimos caso y a las 17.00h estábamos esperando a Ta’Miema Boats para empezar la aventura.  La verdad es que cuando llegamos alucinamos de lo bonito que era, nada más lejos de lo que vimos en las fotos pero aún quedaba muchísima gente. Lo que más me sorprendió es la cantidad de basura que había por todos lados, no se como las personas son capaces de arruinar así un lugar tan bonito. Hacia las 18.30h empezó a desaparecer la gente y nos quedamos únicamente los que habíamos contratado el barco. Qué sitio taaaan bonito para hacer snorkel y poder nadar, parece una piscina pero natural. Estuvimos disfrutando de ese precioso paraje hasta las 19.30h que nos llamaron para la BBQ. Mientras esperamos pudimos disfrutar de uno de los atardeceres más bonitos que habíamos visto nunca.

Fue una experiencia muy bonita y que recomiendo a cualquiera que quiera conocer Comino sin el agobio de la gente. La verdad es que no entiendo como no se regula el turismo para preservar la isla. Tras el pica-pica (que no fue escaso) y la BBQ (Pollo, ternera o pescado acompañados de guarnición) llegó la hora de la música, la gente se empezó a animar e incluso se bordaron una coreografía entre unos cuantos de la colla. De ahí, hacía las 22.30h ya nos montamos en el barco de camino a Gozo. Tocaba ir a por el coche y correr para intentar coger el ferry. Esa noche teníamos que dormir en St Julian’s, en un Hotel precioso y en todo el centro, Hotel Valentina.

Día 5: Placeville, St Julian's, Popeye Beach, Paradise Bay

Siendo sábado no nos apeteció madrugar mucho pero quedaban sitios que visitar todavía, había uno que me hacía especial ilusión y es que me traía muy buenos recuerdos. Sabía que no podía irme de Malta sin ver el pueblo de Popeye. Si queréis entrar y disfrutar con los más pequeños, cuesta 15€, en nuestro caso no nos merecía la pena y preferimos hacernos las fotos de rigor y seguir en marcha. De ahí nos fuimos a Paradise Bay para relajarnos un rato y tomar el sol. Yo aproveche para coger las gafas y el tubo e ir a bucear. Hay muchas rocas, así que si te gusta, es el lugar idóneo.

De ahí nos fuimos a buscar un restaurante donde comer, que no teníamos muy claro que lo fuésemos a encontrar porque eran las 16.00h y no sabíamos a que hora cerraban cocina. Finalmente, acabamos comiendo en Luzzu Restaurant, un sitio muy bonito y con vistas preciosas a mar, la comida muy rica también. Y tocaba relajarse y disfrutar de un poco de música chill-out así que nos fuimos de cabeza a Café del Mar que estaba muy cerquita. Estuvimos allí hasta poder disfrutar de un nuevo atardecer. La verdad es que el sitio es espectacular, pero como supondréis excesivo postureo, oye que de vez en cuando tampoco está nada mal ehh

Nos fuimos para el hotel y no podía ser de otra manera, tener el hotel en el centro de St Julian’s era casi obligado el tener que salir a disfrutar del ambiente nocturno. A mi porque me liaron, que yo podía seguir sobreviviendo sin haberlo conocido pero acabé en una discoteca cercana y muy de moda se ve, “Twenty Two” se llama. A ver la verdad es que lo di todo la primera hora porque era música conocida, pero al rato acabé KO, así que prefería volverme al hotel.

Día 6: St Peter's Pool, Marsaxlokk y La Valleta

Último día y nos faltaban conocer alguno de los puntos más visitados y concurridos. La primera parada la hicimos en St Peter’s Pool, una piscina natural preciosa. Llegar con el coche es relativamente fácil y puedes dejarlo en el parking que cuesta 3€ todo el día. Nosotros sólo fuimos a visitarlo porque queríamos seguir con la ruta, tremenda idea tuvimos en uno de los días más calurosos. Allí, puedes bañarte fácilmente o si te gusta sentir la adrenalina, puedes saltar de los acantilados (es lo que solía hacer la mayoría de la gente). Tened en cuenta que son rocas, por lo q los escarpines son obligados y que es un punto en el que apenas hay un trozo de sombra y si la hay, probablemente ya esté ocupada.

Muertas de calor y sin habernos dado un baño nos fuimos a Marsaxlokk, un bonito pueblo pesquero. Yo por las fotos que había visto, me lo esperaba mucho más bonito pero también tenía su encanto. Además, los domingos hacen un mercado enorme de ropa, comida, etc y aprovechamos para pasear por allí. Hicimos alguna que otra foto a las barcas típicas maltesas y nos perdimos por el paseo. Algo que nos encantaba en todos los pueblos y ciudades que visitamos eran sus puertas de colores, por lo que no faltó foto en ninguna de ellas.

Ya cansadas, nos fuimos a la que sería nuestra última parada antes de volver a casa, la capital, La Valleta. Os recomiendo que paséis una noche, el ambiente es muy chulo y la ciudad es preciosa. Nos perdimos sin rumbo entre sus calles, disfrutando de cada uno de sus edificios, pero la Valleta tiene un encanto especial de noche, por lo que si podéis disfrutadla en todo su esplendor. Es una localidad relativamente pequeña con una población aproximada de 7000 personas. Su nombre se debe a Pean Parísot de la Valletta, gran maestro de la orden de los caballeros de San juan que hizo reconstruir la ciudad una vez expulsados los turcos. Lo más recomendable es que os dirijáis a la oficina de turismo para que os informen de todo aquello que podéis visitar, museos, parques, iglesias, la biblioteca… Nosotras nos fuimos dejando llevar por sus calles y callejones. También está la opción de coger el ferry en el puerto e ir a conocer Sliema.

Como teníamos mucho tiempo para conocerla y como el calor seguía apretando, en nuestro caso nos fuimos a comer un helado (que nos sirvió un chico español) y como si estuviéramos en las ramblas de Barcelona, nos sentamos a contemplar y observar a la gente. De vuelta al coche, nos perdimos de nuevo por sus calles y nos fuimos hacia el aeropuerto. Después de perdernos un poco, logramos llegar. Así que tocaba lo que más pereza me da del mundo cuando viajo, facturar, pasar el control, etc. Había llegado la hora de poner fin a nuestras vacaciones maltesas.

¡Hasta la vista Malta!

Os dejo los puntos marcados en el mapa de todos los sitios que visitamos:


La Matallana

Captando momentos e historias.

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